
Cuando algo se me mete en la cabeza, es difícil sacármelo. Así que en solo tres meses, organicé mi viaje. Tenía un asesor de estudios, una escuela de inglés donde estudiaría durante un año completo, reuní todos los documentos necesarios, renuncié a mi trabajo y comencé a vender algunas de mis pertenencias. En un abrir y cerrar de ojos, obtuve la aprobación de mi visa de estudio, compré los boletos de avión, aseguré un lugar para vivir y pagué la matrícula escolar.
Mi plan inicial era viajar con mi amigo, pero por circunstancias imprevistas, terminé viajando sola hacia un país completamente desconocido.
Sentí un miedo abrumador al dejar atrás a mi familia, mis amigos y la que había sido mi hogar durante toda mi vida, Bogotá. Miles de dudas invadían mi mente.
- ¿Estoy tomando la mejor decisión?
- ¿Qué pasa si no me gusta?
- ¿Cómo me haré entender si no sé nada de inglés?
- ¿A dónde voy exactamente?
- ¿Qué será de mí si no conozco a nadie?
- ¿Será mejor no viajar sola?
- ¿Moriré de frío y soledad?


Despedirme de las personas que más quiero fue difícil. Lloré mucho. Era una mezcla de emociones, pero el miedo era uno de los más presentes. Así que, con amor, empacando mis dos maletas, mi vida entera, me dirigí hacia un destino desconocido en septiembre de 2018.
Sara